El 24 de febrero, las Fuerzas de Ocupación Israelí, frenaron los trabajos de restauración de cinco pozos de agua en el norte del Valle del Jordán. Sin ninguna razón, los soldados de Israel, forzaron a no continuar los trabajos de renovación de dos pozos en el comunidad de Al Hadidiya y tres en Khirbet Samra, los que además son usados por los habitantes de la comunidad de Mak Hul. Los pozos tiene capacidad para proveer de agua a 30 familias y tienen una profundidad de aproximadamente 12 metros.

Estas fuentes de agua existían desde mucho tiempo antes que la ocupación palestina de 1967, fueron usados por muchas generaciones ancestrales de la familia de Abu Sqr quiene aún viven en Al Hadidiya a pesar de haber sido desplazados y con todos su hogares demolidos en más de seis oportunidades en los últimos años. Los pozos están dispuestos en esta región desde hace más de 700 años y datan de la época del imperio romano.

El agua es el mayor problema al que deben hacer frente los palestinos que viven bajo la ocupación ilegal israelí. Los pobladores de Al Hadidiya, Kirbet Samra y Mak-hul, tienen que viajar 17 km y pasar a través de checkpoints para llenar tanques portátiles que trasladan con tractores, el costo del tanque de agua es de 270 shekel a lo que hay que sumar el costo de combustible, y los inconvenientes para trasladarse por las carreteras obstruidas por controles caprichosos de las Fuerzas de Ocupación Israelí Los camiones palestinos, por ejemplo, tienen prohibido el acceso a la carretera principal y son multados con entre 500 y 1000 shekels por pasar por ahí, paso que la mayoría de las veces, es la única alternativa.

“El pueblo de Al Hadidiya está solo,” manifiesta Abu Sqr, residente en la comunidad.

Hoy día, las comunidades palestinas están rodeadas por colonias agrícolas de la ocupación ilegal y bases militares de Israel con campos de entrenamiento y áreas de tiro.

Las estadísticas de la Oficina de Coordinación por los Derechos Humanos (UNOCHA) demuestra que los israelíes que viven en las colonias ilegales, consumen seis veces más agua por habitante, que los palestinos.